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Historia

 

El municipio de Santa Amalia se localiza en plena Vega del Guadiana, entre los arroyos Búrdalo y Cagánchez. Su término municipal se asienta sobre una superficie de tierras fértiles que posibilitaron el origen de su existencia. Exceptuando los modernos poblados de colonización construidos durante el Plan Badajoz, nuestra localidad fue la última población fundada en la región extremeña.

Su creación fue autorizada en 1827 por el rey Fernando VII a petición de un grupo de labradores de Don Benito, Medellín y Montánchez, que encabezados por el dombenitense Antonio López, reclamaron al monarca tierras para su cultivo. Sin embargo, “Santa Amalia puede presumir de prócer frente a sus vecinos los pueblos nuevos, porque ocupa el lugar de la romana “Lacipa”, primera mansión de la Vía que iba a Toledo, pasando por Trujillo. Restos de edificios y monedas le sirven de ejecutoria, aunque le quedan siglos sin llenar, porque volvió a nacer en época reciente (…) Fernando VII le dio el nombre actual, tomándolo de la santa que lo daba a su esposa, María Amalia de Sajonia”. (Miguel Muñoz de San Pedro. Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses. Madrid 1961).

Según recoge María Cruz Villalón en su trabajo “Santa Amalia. Un pueblo de colonos en el siglo XIX”, el motivo aducido para justificar la solicitud de aquellos labradores fue “una razón de pobreza. Pobreza en parte ligada a un crecimiento de población que dificultaba el trabajo para todos en un pueblo de labriegos, Don Benito, donde el exceso de tributos les hacía inasequible el arrendamiento de tierras”.

La elección del nombre del nuevo asentamiento se eligió en honor de la tercera esposa del monarca, María Amalia de Sajonia, fallecida en 1829. El nuevo pueblo se edificó de nueva planta en el lugar delimitado por el Corregidor de Villanueva de la Serena sobre los baldíos de Realengo del Carrascal, Lomo de la Liebre y Montes Cuadrados. Su construcción fue realizada entre 1.831 y 1.842 por el maestro alarife Fabián González.

Trazada según un riguroso plan exactamente regular, la estructura inicial se componía de 257 casas, todas iguales, de dos plantas, según el modelo campesino tradicional, alineadas en ocho calles que parten de una espaciosa plaza central. A las viviendas se unían una Casa para el Ayuntamiento, cárcel, escuela, un gran pozo en la plaza y otros en 

la periferia. Situados en las afueras se encontraban el cementerio y dos charcas para abrevar los ganados. A cada uno de los primeros cien vecinos le fueron entregadas 24 fanegas de tierra para sí y sus descendientes.

A partir de su millar inicial de moradores, y tras unos 

inicios difíciles debido a los enfrentamientos con los labradores de Don Benito y Medellín, que pretendían continuar explotando las tierras entregadas a Santa Amalia, el nuevo núcleo consolidó una notable prosperidad, desarrollándose de manera extraordinaria. De tal modo, su tejido construido se ha multiplicado casi por cinco respecto a su entidad primitiva, contando con el presente con más de 4.000 habitantes.

El carácter de centro agrícola cimentado en sus excelentes tierras, se encuentra reforzado en el sector servicios por su estratégica situación en un punto clave de las comunicaciones en las rutas más importantes de la región. Por tal razón, Santa Amalia es también un nudo crucial de carreteras en el que se han desarrollado los establecimientos hosteleros y servicios de toda especie.